El tema de ocupar roles que no nos pertenecen

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Que loco como funciona, la mente, el inconsciente y nuestra forma de tomar decisiones.

Después de conocer a alguien con quien tuve una conexión muy fuerte seguí mis pasos normales de intensidad y me metí hasta la médula. Creyendo que había encontrado lo que tanto tiempo había buscado y en realidad es así, es verdad. El tema es pararse para entender que era lo que estaba buscando.

En un proceso de muchos años de salirme del lugar de niña para convetirme en una mujer adulta, quise conservar una vez ese lugar al estar con alguien que me cuide. Atraje y generé una relación en la que me siento cuidada y contralada como cuando estaba en casa de mis viejos. No significa que el otro lo haga con intensión o si o que procesos está atravesando, se trata de porque yo generé eso y me quedé ahí. Aunque la respuesta es fácil: comodidad y sentirme protejida, que alguien más me va a cuidar sin pensar en las consecuencias que eso trae.

Estar disponible 24 horas en el teléfono, responder a llamadas que interrumpen lo más cotidiano de mis momentos. Y la verdad es que me parece que no es sano estar en conversaciones online todo el dia repitiendo los mismos temas y comentarios, ¿porqué? porque al hacerlo estoy renunciando a vivir el momento presente, con el aburrimiento, sensación de soledad, encontrarme conmigo, charlas internas, estar en silencio, mirar una serie y cualquier cosa que el momento me invita a sentir o hacer.

Entonces llega un momento donde hay que frenar y poner límites, donde tenemos que desarmar el papel que venimos jugando desde un comienzo para plantear otro escenario que nos hace sentir mejor y nos produce mayor goce. En un lugar donde priorizo mi independencia, mi integridad, mis espacios, mis sentimientos y emociones que pueden no ser “correctas” o “las mejores” pero son las mías y me reprensentan. Representan todo el camino recorrido hasta aquí, todas las veces que me puse en lugares equivocados.

Entonces llega el momento de frenar, de compartir lo que siento, de enseñarle al otro la parte de mi que no estaba apareciendo pero que es tan válida y real como la otra, que no querer estar 24 horas disponible hablando todo lo que pasa no significa que quiera compartir, que lo extrañe o que lo quiera mucho.

Hay que tener cuidado al no interpretar como amor estos mecanismos y necesidades de saber del otro todo el tiempo, porque al final no estoy amando sino chequeando, sino pidiendo devolución, pidiendo amor y respuesta.

El amor es dejar al otro ser como es, que pueda fluir y hacer cosas que le hagan feliz mientras nos acompañamos. Que mis deseos y necesidades no intervengan en los procesos del otro de una manera irruptiva.

Amar es escuchar y construir, día a día un vínculo que nos lleve a sentirnos plenos y sacar de nosotros lo mejor, la luz más brillante.

 

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