Sigue la historia en Buenos Aires

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Hace tres semanas llegué a esta enorme ciudad. Muchas personas me dicen – Pero vos venís de Córdoba, no debes estar tan sorprendida….

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Buenos Aires es inmensa comparado con Córdoba, la energía y la onda de la gente es totalmente diferente. La cantidad de barrios, ondas, formas y colores allá no se respiran.

Ya he viajado mucho y supongo por eso sé cuales son las cosas que tengo que hacer cuando llego a un lugar. Lo he aprendido de tantas de veces de moverme, llegar, elegir un lugar cómodo donde dormir es clave y luego empezar a hacer cosas.

Aunque la pachorra y la duda aparezcan hay que hacer cosas y punto. Levantarse, ir a probar la clase a ese gimnasio cercano, elegir los talleres o cursos que nunca hiciste e ir y hacerlos. Salir.

La primera semana fue muy dura, llanto y ganas de volver a casa. La energía que tenemos que invertir en lugares nuevos es generalmente muy grande y más si somos tan auto exigentes como lo soy yo. Además de la parte de convivir con un otro a quien hace poco conocemos y nos representa un mundo y forma de ver las cosas totalmente distinta a la propia. Quiero estar cómoda, llevarme bien con mi pareja, conocer gente y hacer lo que me gusta casi inmediatamente. Esto me trae mucha ansiedad y mal estar.

Pero una vez transitada esa semana, todo se tranquilizó. Más o menos entendimos que cosas eran importantes para el otro y como hacer para acompañarlo, aunque no siempre tenemos éxito.

Por mi parte, el orden y la limpieza. Lentamente fui moviendo cosas, limpiando y acomodando hasta por lo menos intervenir la cocina. Ya es mi lugar de la casa, con pocas cosas, todo funcionando y con la armonía necesaria para poder escribir, leer, compartir. Lo que pasa es que nunca sabes cual es el límite de hacer las cosas, haces y haces y el otro se acostumbra. O en realidad le encanta el cambio pero en su vida la norma no es mantener un espacio así sino llenarlo de cosas y dejar todo sucio nuevamente.

Es una cuestión de prioridades, según logré entender o querer creer. Para el otro la prioridad es hacer lo que le gusta, tocar música, grabar y coordinar cosas. Para uno también es importante tener tiempo para todas esas cosas, sin embargo, en el medio va acomodando casi automáticamente y generando espacios agradables y amorosos donde pasar el tiempo.

Es que no me da igual, además pienso y creo que el entorno y el afuera de nuestro hogar representa lo interno y profundo de nuestro ser. Para poder sentarme a escribir, leer o cualquier cosa necesito que mi entorno esté acomodado, me da paz mental y recién ahí puedo abrirme a hacer lo que me gusta.

En fin, sigo con la idea de llegar y que hacer cuando estás en un lugar nuevo. Empecé a activar todos mis contactos que viven en esta ciudad, juntarme con amigos y con gente que conozco y hace mucho no veo. Empecé dos talleres de escritura, un curso de coaching y yoga. Ah sí, yoga no puede faltar, porque esté donde esté los ejercicios son los mismos y puedo continuar con mi práctica como si no me hubiera movido o mudado. Eso es fantástico. Porque es como un lugar conocido y con sabor a hogar. Otra cosa que estoy haciendo casi sin darme cuenta es comprar ciertos alimentos que me hacen acordar a cuando era chica: galletitas surtidas, yogurt, verduras que solo cocinaba mi mamá.. todo eso me hace sentir un poco en casa.

Entonces las claves son socializar con alguien más que no sea la persona que te recibe, hacer cosas, salir, darle espacio al otro para que también tenga sus momentos y no se convierta en un convivir 24 horas.

Nuestra situación particular es que el vive solo y trabaja desde casa, yo también. Entonces la cantidad de tiempo que pasamos adentro es proporcionalmente mayor a la que pasaría cualquier pareja. Otra idea que se me ocurrió y que llevé a cabo fue la de irme a un co-working. 3 días de la semana tengo un espacio para pasar 8 horas por día donde reina el silencio, un Internet que funciona y está acondicionado para lo que yo hago. Eso es maravilloso. Aunque comencé a ir ahí para conocer gente y no vaya nadie, ya significa salir.

Mi pareja en dos meses o menos se va en un barco 5 meses, trabaja ahí y nos veremos cada semana cuando el barco frena nuevamente en Buenos Aires. Para esa época tengo que pensar bien que voy a hacer, sobre todo en enero que todas las actividades merman y me voy a incendiar suavemente en esta caótica ciudad. Tengo planes de irme para algún lugar con mar o río donde pueda pasar algunas semanas y calmar el fuego. Mis propias vacaciones que gracias a dios tengo el lujo de poder tomarme y seguir trabajando a la misma vez.

Combo dos en uno.

El ingrediente más importante para este viaje es la paciencia, el paso a paso y la importancia de entender que las cosas se van haciendo de a poco. Acomodar y limpiar toda la casa de otra persona es un asunto delicado, porque le estas removiendo toda una forma de hacer las cosas y de vivir. Lo que para mi es totalmente normal y automatizado para el otro es un movimiento de muchas cosas internas que quizás no tenía tanta intención de mover.

Gracias por leer, si querés decir/comentar algo me haces feliz.

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