Cuando nos damos cuenta de algo, ¿Aprendemos y cambiamos?

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Esta pregunta suele rondar mi cabeza en muchos momentos, aprendemos cuando nos damos cuenta de algo que nos causa dolor? O que no queremos para nosotros?

¿Que pasa entre ese darse cuenta y un verdadero cambio?

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Muchas veces me pregunto esto, es decir, que sentido tiene que me de cuenta de algo que me hace mal y como hacer para que no vuelva a suceder. Entonces suelo tener un instinto interno que me asegura que sí, como para quedarme más tranquila.

Lo que realmente siento que sucede es que hay muchos caminos cerebrales aprendidos que nos llevan a ciertos resultados a los que estamos acostumbrados. En algún momento esos resultados dejan de ser agradables o nos damos cuenta que no son exactamente lo que queremos para nosotros. Es ahí cuando lo que hago es dar luz, la luz se da a través de la pregunta ¿de donde viene ese proceso aprendido, porque lo hago y porque me aferro a esos resultados?. Algunas veces resulta que se lo estoy copiando a alguien, otras veces responde a algún esquema cultural o a alguna exigencia a mi misma que no se bien de donde viene y que realmente no lo veo ningún sentido en el momento presente.

De esas preguntas suele aflorar entonces alguna razón, hasta ese momento oculta, a mi consciencia y la miro. Al observarla lo que hago es quitarle poder.

Por ejemplo: Durante muchos años me costó mucho ir al baño de cuerpo. Todo empezó cuando me fui de mi casa y empecé a viajar, de repente tenía que mostrarme al mundo sin la base conocida de mi casa y tenía mucho miedo de fracasar o que la gente no me quisiera.

Había integrado un pensamiento en mi casa que más o menos me decía que si yo era yo, no iba a tener éxito. Para tener éxito con los demás tenía que aparentar, ser condescendiente y amorosa. ¿y cuando incorporé que relacionarse es hacer todas estas cosas? En el vínculo con mi papá, para tener una buena relación, llevadera, amorosa y donde yo consiguiera lo que quería: plata, salir, el auto, etc, tenía que agradarle, responderle y hacer las cosas que el quería.

Este es un vínculo realmente tóxico donde predomina un chantaje emocional por parte de un adulto, hacia un menor (en este caso yo). La cuestión es entonces que para que yo pudiera tener éxito en mis vínculos, según había aprendido, tenía que ser solo un poco yo y luego tenía que responder a lo que esperaban los demás: sobre todo con los hombres.

Tampoco es que hice cosas locas, ni estuve en relaciones enfermizas ni tan tóxicas.

Pero si empecé a tener problemas para ir al baño: ir al baño es eliminar aquello que no nos sirve. Yo tenía miedo de eliminar lo que no me servía porque eso venía acompañado de un olor fuerte, yo no quería que nadie me relacionara con tener cosas ocultas o feas adentro mio.

Quizás si alguien sentía ese olor, me iba a dejar de querer o me iba a convertir en el centro de las burlas. Este no ir al baño venía acompañado de no decir las cosas que realmente sentía: decía una parte o tardaba mucho tiempo en pensar.

Continuará en el siguiente capítulo…

Gracias por leer si llegaste hasta acá, espero algún comentario 🙂

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