Cuarentena día 4: El exterior

En este momento estoy un poco bajón, el día se pasó rápido y divertido, pero algunas emociones afloraron mientras hacía video llamadas con amigos y familia.

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El principal tema en la cuarentena total es que empezás a depender del mundo exterior para alimentarte. Me considero una persona MUY independiente y me cuesta pedir ayuda. De hecho, siempre intento ocuparme de todas mis cosas yo misma para no estar al pendiente si un otro me va a ayudar o no, si va a llegar o no, si se hizo el tiempo o no. La principal razón por la que me cuesta pedir ayuda es porque siempre tengo la sensación de estar molestando, que seguro el otro está tranquilo en su vida y no tiene ganas de ser interrumpido para ayudar a un otro que lo necesita.

Y una segunda razón, es que de chica mi papá siempre me tenía al pendiente y eso me volvía loca. Si tenia un cumpleaños a las 17, el “estaba ocupado” hasta las 16:55 y ahí cuando yo no daba más de los nervios y las ganas de salir él aún no estaba listo para llevarme. Le encantaba dejarme ahí esperando, vaya a saber porque razón o sensación de poder, y eso me DESESPERABA. Literal. Gracias a eso, empecé a desarrollar una personalidad independiente, quizás de más, en donde no necesito pedirle nada a nadie ni esperar nada de nadie.

Y estos días, la necesidad de ayuda del exterior se intensificó y quizás las respuestas no fueron las esperadas, en un principio.

Mi pareja llegaba a Argentina en un barco que había estado en Brasil, que se decretó como zona de riesgo días antes que el crucero llegara a Argentina. Por lo tanto, les hicieron análisis a cada uno para determinar si tenían síntomas y como nadie los tenía los dejaron bajar. Eso significaba que a partir de que el entrara en casa ambos entrabamos en una cuarentena obligatoria. Obviamente yo fui haciendo compras previendo como se iba a poner la situación, pero hacía 5 meses casi que vivía sola y que estaba acostumbrada a mis demandas de comida: es decir comer medio plato de arroz, media palta y un tomate. Entonces las compras fueron suficientes y nutritivas pero no en la cantidad que hace falta para dos personas por un plazo de 14 días, incluyendo a mi pareja que come MUCHO más que yo.

Los primeros contactos de los vecinos fueron para saber si nos íbamos a quedar encerrados sin salir, por miedo a que los contagiemos. No fue un contacto de: che, como te tenes que quedar encerrado 14 días decime como te ayudo. No. Fue un: no queremos contagiarnos, estamos preocupados por nosotros y nuestros familiares así que ojo con salir.

Todas estas sensaciones, en conjunto con los dilemas personales de cada uno al estar viviendo esta situación no se hacen nada fácil. Y aunque estamos felices de estar juntos y compartiendo tiempo de calidad, la necesidad de salir y sentir la brisa, del contacto cara a cara con otros humanos empieza a florecer.

Por suerte, los vecinos fueron ayudándonos de a poco y, sin querer, cuando más lo necesitabamos. Es que hay que tener paciencia y confiar que todo se va a acomodar.

Soltar mi necesidad de tener todo bajo control.

 

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