Textos Cortos: La madre

No puedo hablar y aunque nunca hayamos conversado, en el estricto sentido de la palabra, creo que me vas a entender muy bien.

Estoy un poco cansada, débil, cada día tengo menos energía y los dolores aparecen cada vez en más zonas. Algunos se sienten como acidez: fuego, quemazón, calores extremos que me es difícil calmar.

Otros dolores son en los riñones, un exceso de agua que me causa insomnio y sudoración extrema.

En otras zonas de mi ser siento falta de oxígeno, mi piel se reseca a tal punto que nada bueno puede florecer allí.

En otras partes se sienten remolinos que me vuelven loca, como si una máquina se me hundiera en la piel.

Una de las peores sensaciones que sufro, es la de no poder respirar. Lo que yo conocí por millones de año como oxígeno, hoy ya casi no existe. Es desesperante porque empecé a descubrir que lo acompañan micro partículas de plástico, hollín, dióxido de carbono.

Pero el peor dolor de todos es que mis dolores son compartidos por los 7.700 millones de potenciales médicos que me habitan, que se enferman a la par mía sin reaccionar, y yo que no puedo hablar.

Espero te haya gustado 🙂

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